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El ingreso de sistemas globales de administración
ha traído con-secuencias
en las empresas peruanas
La llegada de una cultura empresarial con
fuertes convicciones de productividad, ha generado un conflicto
con la anterior cultura organizacional peruana.
Aquí una aproximación a un fenómeno que es
preciso tomar en cuenta.
El choque se ha dado no sólo en las antiguas empresas del
Estado. Las empresas privadas locales se han visto en la necesidad
de adaptarse a un mercado mucho más competitivo para poder
sobrevivir. Se invierte en el aprendizaje y asimilación de
nuevas técnicas de organización, y se asimila al lenguaje
nuevos vocablos como excelencia, competitividad, sinergismo. Se
vive un estado de alerta darvinista (la ley del más fuerte
o el pez grande se come al chico) y la tendencia es aumentar (hacer
lo posible por aumentar) el rendimiento de los trabajadores.
Por otro lado, la privatización de empresas del Estado peruano
ha traído como una de sus consecuencias un impacto cultural.
Es decir, en poco tiempo ha sido reemplazada la anterior gestión
estatal por una administración que tiene como valores principales
la productividad y también la reducción de costos
por medio de procesos de reingeniería. Esto implica la reducción
de personal y a su vez una serie de insatisfacciones sociales que
no vamos a enu-merar aquí.
Para lograr esta nueva cultura, el Estado ha cambiado casi por
com-pleto el régimen laboral, el que a grandes rasgos busca
hacer atractiva la ofer-ta de empleo, si bien ya no con la ventaja
para el trabajador que las anteriores leyes laborales concedían.
Un antropólogo social entrevistado señaló que
el Estado ha inclinado la balanza laboral hacia el lado completamente
opuesto del que siempre había estado orientado. Si antes
las leyes del Ministerio de Trabajo ofrecían una serie de
beneficios al trabajador que terminaban volviéndolo ineficiente
por confiado, ahora los ofrece, en exceso, al empleador. "Es
preciso tomar un equilibrio", señaló.
El señalado estudioso se mostró preocupado por las
malas consecuen-cias (léase descontento social) que esto
pueda traer en el futuro.
Cambio de cultura
¿Cómo se puede definir a la cultura organizacional
de una empresa? Según especialistas en administración
consultados, podemos definirla como los significados compartidos
que obedecen todos los miembros de una empresa. Estos significados
dicen cómo actuar en determinadas situaciones, cómo
orien-tarse en la actividad laboral, desde qué colores de
corbata usar hasta cómo decirle a un trabajador que ya no
se requieren sus servicios; es decir, muestran el hágalo
usted mismo para poder tener una existencia exitosa sin mucho es-fuerzo.
¿Qué pasa cuando estas formas de actuar claras, cuasi
inconmovibles y heredadas son irrumpidas por otra cultura más
agresiva? Se produce una ines-tabilidad, una ambigüedad e ignorancia
de cómo se debe actuar. Eso puede provocar cierto tipo de
conflictos y de estrés.
"La cultura organizacional facilita una identificación
del trabajador con la empresa, permite definir los límites
de su actuación y a la vez genera una estabilidad tanto laboral
como personal, ya que establece la no ambigüe-dad y la certeza.
Si hay un cambio, éste va a producir una inestabilidad al
trabajador", según nuestro consultado, que ha sido testigo
del proceso de privatización de algunas compañías
pertenecientes al Estado.
Mundos en colisión
Él muestra un ejemplo. Durante la integración de
dos empresas esta-tales se experimentó un choque cultural
a cierta escala. Cada una tenía una personalidad diferente,
manejaban reconocimientos y planeamientos según su estilo.
Sus sistemas de integración no eran iguales y, al integrarse,
la más fuerte aplastó a la menor. La consecuencia
fue que la empresa menos fuerte, es decir, la cultura menos fuerte,
empezó a experimentar resentimiento. Los trabajadores se
consideraban marginados, no participaban en la toma de deci-siones.
Y eso se traducía en niveles más bajos de rendimiento
y productividad y, asimismo, en menores niveles de satisfacción
personal.
"Estos factores son importantes en el ambiente laboral -señala
el consultor entrevistado- La manera cómo el trabajador se
siente satisfecho, por un lado, y que tanto está produciendo,
por el otro. Ambos aspectos se veían afectados: los resultados
de la empresa en términos de productividad, y los resultados
personales, emocionales, en términos de satisfacción.
En el caso de intervención de empresas extranjeras, los
cambios cul-turales son más radicales porque la misma concepción
del trabajo que se tiene, la forma de hacer y comportarse con respecto
a objetivos, puntualidad y otros aspectos del comportamiento laboral
en algunos casos son diametralmente opuestos. El choque es más
fuerte.
"Ocurre que uno de los atributos de la cultura es que establece
límites y brinda estabilidad, pero cuando no hay esos límites
y tampoco estabilidad, entonces he podido ver la aparición
de profesionales con altos niveles de incer-tidumbre, de ansiedad,
de angustia, respecto a cómo decidir su vida, con ganas de
poner más esfuerzo pero con evidentes signos de ambigüedad
respecto al resultado de su trabajo", señala otro consultado.
Esforzarse más, quedarse más tiempo trabajando, pero
sin te-ner claro cuál va a ser el resultado que se va a tener
y en qué medida va a satisfacer los objetivos que trae el
inversionista crea incertidumbres personales y psico-lógicas
en algunos profesionales.
Eso pudimos comprobar entrevistando a un par de líderes
sindicales. El dirigente del Sindicato de Telefónica, Santiago
Abregú, señaló que la empre-sa "no está
cuidando la calidad, porque ésta no existe cuando se crea
un am-biente de inseguridad". Señaló que ahora
es muy difícil ser sindicalista, no tanto por el fracaso
de sus convocatorias de protesta, sino por el medio a perder el
trabajo.
"El pueblo unido
."
Similares (en realidad más categóricas) palabras
dijo el dirigente de Edelnorte, Humberto Estrada. "Si al trabajador
se le brinda seguridad en sus responsabilidades, va a contribuir
y participar en la productividad", señaló.
Pero, ¿qué ocurre cuando la misma clase ejecutiva
es amenazada por otra, supuestamente más a tono con la globalización?
El resultado es, a gran-des rasgos, el mismo: inseguridad, celos,
sentimiento de inferioridad, sabor amargo de fracaso.
Se originan reacciones de otro tipo: las personas empiezan a tener
problemas de salud; también una baja productividad, con un
despliegue muy alto de actividad, pero sin una orientación
definida y concreta. Hay un desgas-te innecesario del ejecutivo
y del trabajador en general.
"Esto no se da en términos generales, pues la adaptabilidad
a los cam-bios son diferentes en los seres humanos. Mientras unos
pueden adaptarse mejor a estos problemas, otros sufren. Estos obviamente
entran en desventaja competitiva", dice uno de nuestros consultados.
Carreras frustradas
Otro de los fenómenos que ha traído el choque cultural
en las empre-sas privatizadas ha sido el corte de la línea
de carrera de algunos trabajadores, según señala un
psicólogo organizacional. "Se veía que el trabajador
se hacía un plan de carrera, donde calculaba cómo
iba a afrontar sus factibilidades dentro de la organización,
pera escalar posiciones o transferirse a otro punto".
En el proceso de transferencia hubo el bloqueo de este plan de
carre-ra. Se había seleccionado un grupo de trabajadores
que estaban en un proceso para ocupar jefaturas de departamento,
gerencias. Pero, luego se le decía: usted se va afuera. Este
movimiento provocaba problemas de incertidumbre.
"He podido apreciar que cuando se empezó a plantear
las nuevas normas de juego (competitividad, por ejemplo) el trabajador
que estuvo bajo el esquema paternalista empezó a tomar más
conciencia efectivamente y comenzó a ver que su rendimiento
podía ser reconocido", señala.
De hecho, en muchos casos las empresas han reconocido el valor
del trabajador. Pero en ciertos procesos de reducción de
personal de las empresas del Estado, ha ocurrido que los incentivos
han sido muy generales. Se han ido trabajadores muy eficientes.
NO siempre han permanecido los más eficientes. Entonces se
puede estar reforzando una cultura negativa. "Las empresas
debe-rían hacer más trabajo de evaluación y
quedarse con los empleados eficien-tes", dice el entrevistado.
La nueva cultura, empero, no se detiene en miramientos. Avanza
con la certeza de quien sabe las nuevas leyes que gobiernan al mundo.
Un fun-cionario de una empresa privatizada señaló
que "nuestra mente está orientada y tiene que estar
orientada a satisfacer las necesidades del cliente, sobre ese eje
va a girar nuestra política. Amalgamar culturas no es fácil.
Se ha tenido que empezar procesos de invitación al retiro
y lógicamente esto mortifica al personal y genera incertidumbre.
Agrega que "el aumento de productividad se da cuando se tiene
la gente indicada para trabajar. Cuando se tiene mucha gente codeándose
no se puede lograr resultados. El trabajador que laboró para
el Estado creía que su situación era un statu quo
que jamás iba a cambiar y que el mundo estaba hecho a la
medida de una estabilidad permanente, donde no interesaba ser eficaz,
sino quedarse, ganar bien. Sin darse cuenta, eso lo hacia más
pobre, sin embargo, el advenimiento de una nueva época ha
motivado un cambio no sólo del trabajador sino de los gerentes.
Ahora tenemos que pensar en hacer cosas, en actuar, adelantarnos
a la época y no demorar tanto en pensar porque el mundo no
espera, nosotros tenemos que competir muy fuertemente en poco tiempo.
Hoy cada uno es protagonista de su propia realidad".
Palabras que definen nuestra época. Una época donde
se cocina el advenimiento de una nueva época. Ojalá,
mejor.
Luis Miranda
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